lunes, 8 de marzo de 2010

Tres historias preferidas

Y siguiendo con el hilo dedicado a Ribeyro hace unas semanas, no encuentro mejor idea que hablar de algunos de sus cuentos que estoy seguro, muchos hemos leído.

Julio Ramón Ribeyro en plena partida de ajedrez

Sabemos que Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929 - 1994) incursionó en casi todas las formas de narrativa existente para su época. Con una magnífica técnica narrativa supo construir magníficas novelas (
Crónica de San Gabriel, Los geniecillos dominicales), un destacable coleccionable de máximas (Dichos de Luder), interesantes "mini-escritos" (Prosas apátridas) y un magnífico diario a tener siempre en cuenta (La tentación del fracaso).

Sin embargo, Ribeyro pasará a la memoria literaria latinoamericana por sus cuentos, influenciados por la narrativa de grandes maestros como James Joyce, Guy de Maupassant, Anton Chejov o Ernest Hemingway. Los cuentos ribeyrianos se ambientan en todo tipo de circunstancias sean rurales o citadinos, narrando con el virtuosismo del realismo decimonónico (aunque nunca faltará uno que otro cuento pasado de fantasía). Por ello, pienso que Ribeyro fue, es y será una lectura obligada en los colegios. Yo descubrí a Ribeyro en la primaria y de aquella etapa recuerdo tres cuentos que marcaron mi admiración por aquella forma tan especial de narrar.

"Los gallinazos sin plumas" es, quizá, el cuento más leido de Ribeyro. Posee una descripción única y ningún autor como él ha pintado con gran maestría una mañanita limeña, como la que nos expone en una avenida Pardo de un residencial Miraflores de los '50, para luego pasar a la protagónica covacha del viejo Don Santos. El anciano, cojo, explota a sus nietos Efraín y Enrique para alimentar a un cerdo que será su perdición.
"Desde el chiquero llegaba el rumor de una batalla"
Con la frase, Ribeyro culmina un cuento que castiga al villano, pero que condena a los niños al destino más incierto. Es curioso lo fascinante de esta historia corta, y por ello, inspiró Caidos del cielo. En el film, Francisco Lombardi narra tres historias (una de las cuáles, basada en este cuento), pero se toma algunas aceptables licencias, reemplazando al original abuelo cojo por una desalmada abuela ciega interpretada por la gran Delfina Paredes.

Carlos Gassols, Élide Brero y Delfina Paredes en Caídos del cielo

Frente a la crudeza de la covacha de Don Santos, "La insignia" es un cuento que roza (entre la fantasía y la curiosidad) el mayor absurdo. Un individuo común y corriente, ciudadano de a pie, encuentra una curiosa insignia que olvida en un abrigo. Sin querer (y sin recordar su existencia) recupera la insignia de aquel abrigo y al colocársela, nuestro anónimo personaje atraviesa por las situaciones más curiosias e inverosímiles. Por ejemplo, tiene un primer curioso diálogo.
"Me hallaba repasando añejas encuadernaciones, cuando el patrón (...) se me acerdó, y con un tono de complicidad (...) me dijo: 'Aqui tenemos algunos libros de Feifer'. Yo lo quedé mirando intrigado porque no había preguntado por dicho autor, el cual (...) me era enteramente desconocido. Y acto seguido añadió: 'Feifer estuvo en Pilsen'. (...) El librero terminó con un tono de revelación (...): 'Debe usted saber que lo mataron. Sí, lo mataron de un bastonazo en la estación de Praga'. Y dicho esto se retiró al ángulo de donde había surgido"
Obviamente que nuestro anónimo protagonista se encuentra en esta conversación más perdido que Hugo Chávez en la Casa Blanca, al igual que el lector. ¿Quién era Feifer? ¿Qué corchos hacía en Pilsen? ¿Qué ser humano común y corriente se muere de un bastonazo?. La duda quedará por siempre en el lector, pero se acrecenterá cuando el hombre hará una serie de trabajos que ni el mismo entiende. Sin embargo, fruto de este trabajo, el protagonista se convertirá en el lider de esta mancha de indefinibles (aunque barajo la idea que puedan ser neonazis, Testigos de Jehová, masones o los últimos trotskistas peruanos)... El misterio dejará en vilo al protagonista (al igual que al lector), y sólo terminamos enterados de la estancia de Feifer en la gótica Pilsen y de su curiosa defunción debido a un mortal bastonazo recibido en la estación de Praga.

Pero frente a la miseria de Efraín y Enrique y la confusión provocada por una misteriosa insignia, "Alienación" es un cuento social con un "colofón" (final) que puede cerrar la historia con una venganza. Es la historia de Roberto López, zambo "con pinta de zaguero de Alianza Lima" que, luego de sufrir el desprecio de Queca (una diosa-musa imposible de barrio miraflorino y mediana estudiante de la Reparación), se vuelve un fiel admirador de la ¿cultura? norteamericana, también idolatrada por Queca. Pero López quiere ser un gringo de una vez por todas (primero se talqueará y se oxigenará el pelo para luego trabajar en un restaurante de norteamericanos, donde su difícil nombre Roberto degenerará en un cómodo y yankee Boby), y su obsesión lo lleva desde copiar un diccionario en un cuaderno hasta entrar al ICPNA para encontrarse con José María, con quien se muda y vive su "agringamiento" echado en un sillón, oyendo a Sinatra y viendo un afiche del famoso puente sobre el Río Hudson. Locos por Gringolandia, nuestra curiosa pareja viajará a su añorado destino para encontrarse con los Boby y José María de todo el planeta Tierra, quedando en la mayor miseria... Pero la salvación es un país ubicado cerca a un tal Paralelo 38º. El ejército norteamericano prometía todo-todo a aquellas personas que se enrolen hacia Corea, y Boby y José María no se hicieron esperar. Nuestro segundo amigo regresará al Perú, manco y ebrio de recuerdos en Asia. Así, supimos que Boby no sufrió al morir (la que sufrió fue su madre, que cayó muerta de la impresión sin cobrar los beneficios del caído en guerra Mr. Bob López). La historia del zambo Roberto se complementa con el castigo de Queca, que vive en Kentucky con un marido gringo, que la maltrata y ella disfruta, pues él sí es estadounidense.

Posición estadounidense en Corea

"Los gallinazos sin plumas" es un cuento maestro y puede elevar a Ribeyro al Párnaso de cuentistas latinoamericanos, junto con Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti y Gabriel García Márquez. Los cuentos integrantes de
La palabra del mudo (que han sido publicados en su totalidad en un apreciable gesto de Seix-Barral) dan muestra del valor que el relato corto ha tenido en nuestro país... Ribeyro es la máxima expresión de los numerosos cuentistas que ha parido el Perú. Este blog será un asiduo de los textos de Ribeyro (prometo futuras entradas de otros cuentos, de Crónica de San Gabriel, y por qué no, de las Prosas apátridas).

Por mientras, léanse unos cuentos del buen miraflorino que, poco a poco, se está ganando el lugar que merece en las letras latinoamericanas.

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